La literatura sobre liderazgo parece olvidar, o al menos suele dejar entre paréntesis el poder que ese liderazgo implica. Un poder evidente cuando el liderazgo va unido a puestos con autoridad potencial sobre otros pero también presente cuando es un liderazgo que no se corresponde con la estructura formal de la organización. El concepto de liderazgo, frente al tradicional de jefe, subraya una forma de ejercer la función de dirección basada en la implicación y el convencimiento, más que en el miedo a las decisiones que desde la posición de fuerza que da el poder pudieran tomarse. Prima así la confianza frente al miedo.

Sin embargo, una cosa es eso y otra olvidar que la relación que se produce no es nunca una relación entre iguales. El líder está siempre situado en una posición diferente que la de sus colaboradores (una forma elegante de referirse a las personas que lidera). Ni mejor ni peor, pero sí diferente y una diferencia clave es que, aunque no lo ejerza, el líder dispone de mecanismos clásicos de poder a su alcance. Algunas de las dificultades que surgen en el desarrollo del liderazgo vienen, precisamente, de la confusión entre el ejercicio de la autoridad y el ejercicio del liderazgo. La primera sustentada en el poder, el segundo en la influencia.

Recientemente he leído un libro con el sugerente título “El arte de la influencia”. Su autor es Chris Widener y lo publica la editorial LID. Sinceramente me ha defraudado su contenido. Como he dicho en alguna otra ocasión, esta moda de contar cuatro ideas, pero literalmente cuatro, que podrían servir para un breve artículo de revista, y convertirlas en un libro de 130 páginas mediante una pretendida novela de mala calidad, me parece penosa. Pero ya veis, he vuelto a picar. Las cuatro ideas que nos plantea para aumentar nuestra capacidad de influencia son:

– Lleva una vida íntegra sin condiciones.

– Demuestra una actitud positiva en todo momento.

– Antepón los intereses de los demás a los tuyos.

– No te conformes con nada menos que la perfección.

Claro que si uno se esfuerza siempre es posible sacar aprendizajes interesantes. Extracto seguidamente las ideas que me han parecido más sugerentes:

– “Tienes que convertirte en el tipo de persona a quien los demás quieran seguir (…). No se puede decidir ser líder sino convertirse en la clase de persona a quienes los demás quieren seguir”.
– “Todos tenemos experiencias, buenas y malas, Eso no lo podemos controlar. Lo que sí podemos controlar es cómo respondemos ante lo que nos sucede”.
– “La integridad es la base de todo lo que haces. Sin ella, estás perdido. Sin integridad es imposible confiar y la confianza es siempre imprescindible.”.
– “La regla número uno para llevar una vida influyente: sé consciente en todo momento de ti mismo y de tu integridad, y cuando descubras una grieta o alguien te la indique, asegúrate de ocuparte de ella. No l a pases por alto”.
– “Si quieres tener influencia, necesitas una base ética sobre la que apoyar tu lógica y tu pasión”.
– Las personas que se han planteado las cuestiones fundamentales, han llegado a una respuesta y han creado una paz profunda a su alrededor resultan tienen una gran capacidad de influencia. La profundidad espiritual es esencial para la influencia y el liderazgo.