No es mi intención plantear aquí el debate sobre el peso de la biología en el ser humano y mucho menos sugerir que si eres de derechas es que eres un miedoso, pero me ha llamado la atención esta asociación entre el miedo y el posicionamiento más conservador ante las cosas. En esta investigación el miedo se diagnostica a partir de la reacción a una serie de fotografías. Sin embargo, el miedo que a mi me interesa es un miedo más amplio y más presente en todos nosotros, ya seamos de derechas, de izquierdas, de centro o de cualquier otros lugar de referencia. Me interesa el miedo a no ser aceptado, el miedo a fracasar, el miedo al castigo, el miedo a perder nuestro estatus, el miedo al cambio, el miedo a la pérdida de poder…. Miedos que pueblan nuestra cotidianeidad.
Pilar Jericó, en su libro “No Miedo”, cita una frase de la escuela budista Gueshe Kelsang Gyatso que dice: “Muy pocas veces no tenemos miedo, sólo cuando sentimos pánico”. Pero curiosamente el miedo se traviste. Pocas veces lo identificamos directamente. Lo que vemos es autoritarismo, agresividad o, en otra gama, adulación, servilismo,… Comportamientos que ocultan el miedo que los genera.

Puede que el miedo nos haga o no más conservadores pero, sin duda limita nuestro abanico de alternativas y genera acciones de las que solemos ser los primeros perjudicados. Trabajar sobre nuestros miedos es una de las palancas más potentes que tenemos en nuestra mano. Termino con unas palabras para la reflexión de la nueva directora del diario italiano L’Unitá, C. De Grergorio, hasta ahora redactora estrella de La República:
“Vivimos en el eterno presente, sin memoria ni perspectiva. En
total ausencia de responsabilidad. Sólo pensamos en nosotros mismos. Es un
problema estructural. Tenemos miedo: del otro, de perder, de no ser fuertes. Y
el miedo se ha convertido en industria. Ese es nuestro consenso; el miedo.”
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