Estas semanas he escuchado varias veces la frase “el día a día me come”. Es como si el día a día adquiriera vida propia y, cual animal salvaje deborará nuestro tiempo. Y qué podemos hacer ante fiera tan salvaje. A nosotros nos gustaría que fuera de otra manera pero, ¡¡ah!! cómo enfrentarse a tamaña alimaña.

Siento desilusionaros pero ese “hombre de las nieves” que puebla el territorio del “tiempo” no existe. El día día es simplemente un continuado devenir de acontecimientos ante los que decidimos responder de una manera u otra. Sí, decidimos. Esa idea de víctimas indefensas ante la presión de las circunstancias puede resultar en cierta medida tranquilizadora: “yo no tengo nada que ver en lo que me pasa, son las circunstancias”. Sin embargo, es una forma de ver la realizad que nos convierte en seres impotentes. Si nada tengo que ver en lo que me ocurre nada puedo hacer para tratar de modificarlo.

La buena noticia es que en la medida en que reconozco mi parte de responsabilidad estoy sentando las bases para hacer frente de manera efectiva al problema. Mientras nos movamos en el tópico de que son las circunstancias las que me llevan a esa pérdida de control sobre el manejo de mi tiempo, nada podremos hacer salvo sufrir y resignarnos a las consecuencias. Cuando nos situamos en el centro del problema renunciamos a la impotencia y nos acercamos al poder de gobernar nuestro tiempo y nuestro futuro. Menos cómodo, menos tranquilizador pero mucho más poderoso.
La experiencia de quienes han sufrido una situación altamente traumática nos pone de manifiesto cómo, tras esa vivencia, cambian las prioridades, dan lugar a lo que antes no tenía lugar. ¿Por qué esperar a que nos ocurra algo así, a que veamos el final de nuestra vida demasiado cerca, a que nos impacte la pérdida de un ser querido? ¿Por qué no plantearnos ahora que las actividades que pueblan nuestro tiempo somos nosotros los que decidimos hacerlas o no? Hay libros y cursos múltiples sobre la gestión del tiempo pero, en el fondo de todos ellos subyace siempre la misma idea. El tiempo es un bien limitado que requiere priorizar la forma en que lo empleamos. Si no lo hacemos serán las circunstancias las que lo hagan por nosotros. Si no lo hacemos renunciamos a gobernar nuestra vida.