Iba a escribir de nuevo sobre la influencia pero ojeando la prensa he encontrado un par de artículos que han cambiado mi foco de atención. Uno lo firma Xavier Guix en El País Semanal bajo el título “Jugar no es solo cosas de niños”. La idea central que quiero subrayar aquí es la relación del juego con el cambio. El juego desborda la rigidez, los comportamientos automáticos, para situarnos en un espacio de creatividad y de innovación. Con el juego pasa como con el hablar. Si uno dice que se pasa el día hablando es muy probable que quienes escuchan le vean como una persona poco productiva que pierde el tiempo charlando con los demás. Sin embargo ¿cuantas de nuestras actividades se realizan al margen de una conversación? Hablamos para pedir, para evaluar, para acordar, para negociar, para revisar, para coordinar, para compartir, para realizar actividades entre varios, para consultar,…. Y qué poco cuidamos nuestras habilidades para un conversar efectivo. Imaginaros que impresión causaría si dijéramos que “hoy he estado toda la mañana jugando en la oficina”. Pero, curiosamente, si nosotros y nuestras organizaciones nos diéramos ese espacio de vez en cuando nos sorprenderíamos con la alta rentabilidad que conllevaría. Rentabilidad al contribuir a mejorar la relación de equipo, el sentido de pertenencia. Rentabilidad al abrir espacios para la innovación tan deseada hoy en día. Rentabilidad al desarrollar el lado emocional de nuestra organización, cada día más necesario para lograr una ventaja competitiva.

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