Hace unas semanas abordaba el asunto de los efectos perversos de las políticas de incentivos. Políticas cuyo principal objetivo es motivar a los trabajadores para que desarrollen su trabajo con la máxima implicación y eficacia pero que, perversamente, vienen a lograr el objetivo contrario: desmotivar y limitar la contribución de esos trabajadores a los límites marcados por los incentivos.

Lo que sí comparto, y me parece muy sugerente, es la idea de que lo que sí podemos lograr con relativa facilidad es desmotivar. En este sentido Yolanda Gutierrez aporta una serie de aspectos que considera claves para no desmotivar. Son los siguientes:
- No implantar políticas de recursos humanos que sean causantes de inquietudes internas.
- Comunicar claramente para que el oscurantismo no prevalezca sobre la transparencia y la rigurosidad.
- No ofrecer nada que no se pueda cumplir.
- Implantar un clima de confianza y tolerancia.
- La cultura del premio y el castigo dificulta la creatividad y el desarrollo de ideas.
- Compartir con los empleados los éxitos de la organización.
- Lograr que los empleados se sientan orgullosos de la empresa para la que trabajan.
- Favorecer el trabajo en equipo, compartir información, ser generoso.
- Ofrecer oportunidades de desarrollo profesional.
- Escuchar a los profesionales, aunque se crea que se sabe todo lo que opinan.
- Estar rodeado de un buen equipo y, sobre todo, un buen jefe.
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